Prólogo
Esta memoria está hecha con más imaginación que conocimiento. Albert Einstein le daba más importancia a lo primero.
Todos construimos alguna teoría para dar significado a aquellos fenómenos que experimentamos.
Aunque, algunas veces, se usa la teoría como argumento retórico para repartir el poder. El que tiene la verdad y el que no. Y una vez puesta la relación con el otro de este modo ya se sabe lo que viene después: los dogmas. Los tiempos que corren demuestran, una vez más, que las creencias fundamentales llevan al ser humano a situaciones de violencia. En el tránsito por la vida podemos encontrar muchas experiencias siempre enriquecedoras y llevar dogmas a cuestas condiciona el viaje.
No obstante, en muchísimas ocasiones, la teoría representa el esfuerzo de inducir al otro creer en algo, usando los mismos métodos con lo que uno se ha convencido a si mismo. Las teorías, pues, están hechas de hipótesis y tesis; conjeturas, supuestos, juicios, razones y conclusiones. Bien es sabido que para inventar verdades hay que tener capacidad de persuasión y si la comunicación de esas verdades tiene éxito se producirá un cambio en la percepción de la realidad. Por eso las teorías son importantes, porque ayudan, a través de la comunicación verbal, a comprender lo que percibimos, a darle un sentido. Y un sentido compartido por muchos puede ser una escuela de pensamiento.
La terapia gestalt es una escuela de pensamiento que no ha querido atraparse en ninguna ideología. Este esfuerzo por no encerrarse en unos pensamientos rígidos la ha convertido en una filosofía de vida que ha ido madurando con el pasar de los años. Los terapeutas que inician una formación en este modo de hacer psicoterapia son aprendices del arte de construir realidades cambiantes, aprenden a comunicarse con el otro de tal manera que su actuación sea libre de creencias dogmáticas o rígidos puntos de vista.
Desde este enfoque los estudiantes aprenden a través de vivencias compartidas en grupo y durante varios años. Así pues, una y otra vez vivirán experiencias, reflexionarán sobre ellas y sacarán conclusiones. Durante ese proceso de aprendizaje, formadores y alumnos se influencian mutuamente; comunican constantemente verdades produciendo cambios en la percepción de las situaciones. Y cada experiencia no será constituyente sino constitutiva de la siguiente.
Por todo lo dicho anteriormente este trabajo no es solo un estudio teórico o una monografía a propósito de la terapia gestalt, también es una crónica de lo experimentado durante dos años de formación. Eva lo titula “Mi viaje al centro de la Terapia Gestalt” e inmediatamente agrega una imagen, allí mismo el que lee y ve recibe un impacto difícil de explicar con palabras. Titulo e imagen aluden a un proceso de transformación; son una invitación a que el lector use su imaginación antes que su capacidad de juzgar, porque la lectura de esta memoria, propone un viaje hacia otras perspectivas de la realidad. Como dice en sus primeras líneas “…si consigues habitar en ese altermundo y permanecer el tiempo suficiente, todo eso se transforma, y acabas sonriendo con lo que antes te hacía llorar, te dolía”.
Rubén Miró
