La llamada
Existió una vez un ser extraño, diferente, que en apariencia, no ha sido distinto de los demás, pero se definía como “rara”. Y, tal vez, a su manera, no le faltaba razón.
A lo largo de sus años había descubierto que su ser estaba formado por interrogantes, había zonas que no existían, otras borrosas, otras que se mezclaban con lo que le rodeaba, otras con un escudo protector impenetrable hasta para el aire…y era extraño, pues, en simple apariencia estas cosas no se veían, tan sólo era posible contemplar tan extrañamente común composición cuando estaba sola, y en extraordinarias ocasiones, cuando algún ser mágico conseguía penetrar en su corazón…
Como todo en este mundo, han sucedido cosas en su vida, cruzado gente en su camino, que le hicieron ver que hasta que su cuerpo no estuviera bastante definido no conseguiría abandonar ese sentimiento de soledad que arrastraba, que estaba atado a su pierna y le dificultaba moverse con libertad…cual fantasma con su bola de penitencia.
Cansada de andar por un mundo que no entendía, que tal vez, no le correspondía, decidió ir a buscar el altermundo. Había escuchado que existía una realidad “alternativa” solapada a la realidad en la que había estado viviendo, y que desde esa otra se podían ver cosas que existían, pero permanecían invisibles al mundo.
¿Sería esta la manera de poder ver su cuerpo “entero”? ¿De ver de qué estaban hechas esas partes que no podía ver con claridad?
Aquello, era un reto, un camino difícil en donde poder encontrar dolor, sufrimiento, lo que no queremos ver, o reconocer, lo que no se quiere recordar, revivir, enmendar…es algo a lo que no todos están dispuestos, pues es duro, a veces, incluso para desistir, para abandonar…pero si consigues llegar, si consigues habitar en ese altermundo y permanecer el tiempo suficiente, todo eso se transforma, y acabas sonriendo con lo que antes te hacía llorar, te dolía.
Ella no se dio cuenta en su momento, pero le costó tomar la decisión, sabía lo que era sufrir… sus carnes se abrumaban con imaginar…después, todo será distinto, todo habrá valido la pena, este mundo tomará sentido en donde no lo tiene y lo perderá donde lo tiene, para volver a nacer de nuevas experiencias…eso, esto, lo merecía, y sin más dilación tomó el camino.
Andó largo trecho con la sensación y la experiencia de sentirse sola y con miedo… pero era la llamada, y sabía que pronto o tarde saldrían más seres a su camino, la llamada no se hace para uno solo. Tan solo era cuestión de tiempo, de ritmos, se decía, cada cual anda a su paso, la puerta no se abrirá hasta que no estemos todos ante ella…se repetía cuando el frío de la soledad calaba en sus huesos…pronto habrá más calor, más seres… ¿sentirán ellos también este frío? ¿Y si no conseguimos librarnos de él? Si cada cuál lleva el suyo ¿cómo haremos para darnos calor?
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